
Casablanca es un caleidoscopio viajero donde conviven fusionados el Marruecos más tradicional y el más cosmopolita, y la suma de ambos te será inolvidable por lo sorprendente y auténtica. Te cruzarás con un barbero afeitando a sus clientes en una callejuela típica de la medina, y te recrearás en las lujosas fachadas art decó que se asoman a las avenidas y bulevares art-decó que no desentonarían en París o Marsella, o de una imponente puesta de sol degustando un cóctel en La Corniche, el mítico paseo marítimo, repleto de espectaculares villas, cafés y terrazas en la playa, que se extiende desde la mezquita de Hassan II (la segunda más grande del mundo y que además está abierta a los no musulmanes) al faro de El Hank.
Toda la vida de Casablanca pasea por su calle principal, el bulevar Mohammed V, donde te vas a encontrar el Cinema Rialto, el histórico restaurante Le Petit Poucet y, sobre todo, el Mercado Central, un hervidero de vida en cuyas terrazas vas a disfrutar de los mejores pescados y mariscos de la toda la ciudad, traídos desde el cercano muelle. Muy cerca, está la medina, la mágica y laberíntica medina, donde te parecerá que cabe todo Marruecos: artesanos y comerciantes, llamadas a la oración, aromas de los hammams? y, por supuesto, su famoso Zoco de las Aceitunas. Perderse en las callejuelas laberínticas de la medina es la mejor manera de entender el carácter de la ciudad.
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