He leído que el Jet-Lag produce atolondramiento, falta de memoria y confusión en las decisiones, ¿no sería conveniente prohibir que los políticos viajaran en avión para no incrementar todavía más esos efectos en sus cerebros?
Cierto. De hecho existe una plataforma antisistema llamada Jet-Lag is Evil que defiende la siguiente teoría conspirativa: la mayoría de gente rica y poderosa pasa la mayor parte de su tiempo montados en sus jets atravesando una franja horaria tras otra; por lo que, obviamente, están expuestos al Jet-Lag de una forma continuada, con los consiguientes trastornos. En una palabra: el mundo va mal.