Ya te dispones a contar ovejitas, y, de pronto, escuchas como una máquina esquiladora te interrumpe el sueño con un ruido infernal. Has tenido mala suerte: no es una máquina esquiladora, es una máquina roncadora que funciona a un volumen de 85 decibelios, y además se sienta a tu lado (cruza los dedos para que no sea tu cónyugue).
Por desgracia ni los ruiditos ni los golpecitos en la espalda sirven de nada. Únicamente una operación quirúrgica inmediata solucionaría el enfermizo resoplar de tu vecino. Pero tal vez no sea ni el momento ni el lugar adecuado, así que cómprate unos buenos tapones para los oídos.